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Pasando el rato [Día 2, Prólogo]

 
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Marie
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MensajePublicado: Mie Feb 04, 2009 3:17 pm    Asunto: Pasando el rato [Día 2, Prólogo] Responder citando

Se encogió imperceptiblemente. O casi.

No iba a admitirlo nunca, jamás, ni siquiera bajo tortura (bueno, vale, quizá si), pero se estaba aburriendo bastante. Después de todo, su trabajo era ayudar a los estudiantes a ubicarse con los libros y... pues, quizá ganarse una sonrisa (sólo que no pensaba en eso porque lo encontraba cruel), ¡el problema era que ya no tenía nada que hacer! Dirigió una mirada aburrida al grupo de chicos y chicas que estudiaban algo más allá, en una amplia mesa. Más les valía dejar los libros en los estantes después, porque ni siquiera los podía contar. A quién engañaba, ni siquiera se los reclamaría porque le daba pena. Igual y un día de esos se atrevía... No, basta de soñar.

Suspiró, cruzándose de brazos mientras se inclinaba sobre el mesón y se mordía el labio, observando fijamente el techo. A veces se preguntaba por qué no podría haber escogido un trabajo más... movido o algo así. Como camarera, las camareras nunca dejan de moverse. Pero tienen que enfrentar muchas cosas (en particular gente un poco atrevida) y a Marie eso no le gustaba nada de nada. Además ser bibliotecaria estaba bien, se dijo, porque se conocía demasiado bien la biblioteca y porque le encantaba ese lugar. Punto final. Basta de comenzar con los 'y si...', porque al final no le servían de nada más que para ponerle ansiosa y después... después no podía dormir. Y hacía mal su trabajo y la despedirían.

Así que no.

De todos modos, no se movió de su cómoda posición, pero hizo un puchero torpe mientras su pierna se movía en signo de impaciencia. Algo de entretención, por favor... De reojo observó las pilas de libros que aguardaban pacientemente. Bueno, igual y sí tenía algo que hacer pero necesitaba interactuar con personas, gente, alguien que supiera hablar (aunque eso de ser sociable no se le daba especialmente bien en su opinión). Y, sin embargo, no le quedaba de otra. Mordiéndose la lengua para evitar soltar un gemido de frustración, se puso derecha con expresión de congoja y tomó en brazos una pila especialmente pesada.

Con otro suspiro de resignación, se preparó mentalmente para comenzar.

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Adrien
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MensajePublicado: Sab Feb 07, 2009 3:52 am    Asunto: Responder citando

Echó una molesta ojeada a su reloj de muñeca; de forma inconsciente, sus pasos tomaron un ritmo más apresurado al reparar en la hora. El bus se había tomado su tiempo aquel día; media hora en llegar, para ser exactos. Y luego, naturalmente, otra media hora para poder llegar allí finalmente.
Lo que le dejaba exactamente...Unas dos horas para mreodear por la biblioteca antes de tener que irse hacia el taller, y luego a su última clase en la Universidad.
Dos horas. Un período de tiempo que podía ser más que suficiente, si no tuviera que leer cerca de media docena de libros para la próxima semana.
Brillante.

Subió a paso rápido las inmensas escaleras de mármol blanqueado, leyendo con aire abstraído la contratapa del sencillo libro que llevaba en su mano; en letras simples, se un tono oscuro, se leía el título Macbeth. Una mueca de desagrado curvó por sus labios hacia un lado, frunciéndose en el leve mohín; gesto que había hecho por milésima vez desde que había retirado aquel libro.
Condenados dramas de Shakespeare ¿A qué profesor podía ocurrírsele dar semejante obra a sus alumnos?
Llegando al final de las escaleras, se quitó el sencillo bolso que llevaba al hombro, sacando de ella los volúmenes que debía devolver aquel día. Mientras atravesaba las pesadas puertas, dirigió apenas una mirada al imponente umbral, suntuosamente ornamentado como todas aquellas fachadas protegidas de los edificios antiguos.

Agradeció el pesado silencio que, naturalmente, reinaba por sobre todo en aquel lugar. La sensación de no ensordecer ante las bocinas de los coches, las voces y los ruidos de las calles resultaba sumamente placentera. Maniobró con facilidad los diversos volúmenes de Macbeth entre sus manos, dejándolos en el pequeño buzón destinado a la devolución de los libros y conservando sólo un par que aún no había leído; luego se dirigió al mostrador.
Frunció el ceño cuando al acercarse, no distinguió precisamente la figura que esperaba ver; siempre había una muchacha rubia y alta en el escritorio de recepción. Esta vez, apenas pudo apreciar una fracción de un lazo rosado ataviando una corta melena castaña. Y unos esbeltos brazos rodeando la inmensa pila de libros que se alzaban sin dificultad alguna por encima de la pequeña muchacha.
No, sin duda alguna aquella no era Cathy.
Con tranquilidad, depositó sobre el escritorio los libros que llevaba; se adelantó con lentitud para no sobresaltar a la joven y con rapidez quitó unos cuantos libros de la cima de la montaña, exactamente hasta la altura del rostro de la desconocida.
Porque naturalmente, había uno. Dio otro par de pasos hacia atrás para no chocar con ella.
-Disculpa -señaló por impulso, tan sólo para anunciarse; curvó sus labios hacia un costado en una media sonrisa hasta que su mirada encontró aquellos ojos de similar color.

Tengo miedo de su naturaleza. Está demasiado cargada de la leche de la ternura humana.
Le tomó un par de segundos descifrar por qué su mente había sacado del tonel de diálogos de Macbeth aquella frase al denotar los ojos de la chica.
Luego comprendió.
Ojos expresivos, grandes y enmarcados generosamente en amplias pestañas oscuras; rostro redondeado y delicado, nariz pequeña y respingada. Labios rosados, coquetos mas sin exagerar con ningún estridente color. Si algo no faltaba en ese rostro era ternura, ciertamente.
-Esta debería ser tu pregunta pero...-ladeó levemente su cabeza, enfocando mejor sus ojos en aquella mirada y acomodando hasta la altura de su pecho la pila de libros que ahora llevaba.- ¿Puedo ayudarte en algo?

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Marie
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MensajePublicado: Sab Feb 07, 2009 7:35 pm    Asunto: Responder citando

Sip.

Sin duda. Estaba muy sonrojada. El color se fue instalando lentamente en sus mejillas, mientras parpadeaba sorprendida. No fue consciente de que retrocedía un paso cuando alguien le quitó prácticamente la mitad de la pila de libros. Balbuceó algo que no llegó a comprender y luego lentamente negó con la cabeza, la sangre corriendo rapidísima por sus venas. Dejó con rapidez los libros en el mesón, aún con la cara ardiendo y sin pronunciar ni una palabra. Tendió ambos brazos para que le devolviera la pila de libros, y carraspeó suavemente para comprobar que su voz estuviera en condiciones y no se quebrara cuando intentara hablar —cosa que, probablemente, de todos modos pasaría—.

N... No te preocupes, yo... Está bien —Tartamudeó, y se quitó por inercia un mechón de cabello castaño de los ojos.

Examinó con lo que esperó que fuera discreción las facciones del chico, que se veían tan... seguras. Y sus ojos azules eran... intimidantes. Oh. Se encogió y más calor subió a su cara, por sorprendente que pareciera. Agitó la cabeza levemente, para apartar aquellos pensamientos de su mente. Él estaba siendo amable, además. Y no tenía por qué hacerle algo, después de todo, ése era su trabajo. Basta, Marie.

Bien. Se sintió un poco autista dándose ánimos a sí misma, pero Dios sabía que sino se pondría torpe y tartamudearía muchísimo. Ya tenía las manos sudadas. Se las secó atropelladamente en la camiseta, y respiró hondo.

Ah... S-Soy Marie —Dijo, como pudo. Lo observó unos instantes con expresión inocente y aniñada, pero al darse cuenta se sonrojó nuevamente y bajó la mirada, mascullando una suave disculpa—. Y... sí —sonrió sin poder evitarlo—, yo debería hacer esa pregunta. ¿Necesitas que te ayude en algo?

Ahora sí. Cuando se trataba de la biblioteca, Marie olvidaba sus nerviosismos y era capaz de comportarse con soltura. Se apoyó en el mesón inconscientemente, jugueteando delicadamente con sus manos, en espera de una respuesta.

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Adrien
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MensajePublicado: Dom Feb 08, 2009 7:34 pm    Asunto: Responder citando

Frunció con disimulo sus labios, suprimiendo la sonrisa que, conociéndose, no habría podido evitar mostrar al notar el ligero coloreo sobre las suaves mejillas de la chica; de haberlo hecho, no habría ayudado precisamente a reducir aquel tenue rosado. Provocaba cierta diversión en él aquel gesto, aunque podía significar claramente dos cosas: O 'Marie' era increíblemente tímida, o su propia apariencia cada día atentaba en mayor medida a la tranquilidad de cada persona con la que se cruzara.
Oh, bueno...a quién engañar, naturalmente, era la segunda posibilidad.

Imitando sus movimientos, dejó a un lado su ahora propia pila de libros sobre el escritorio, junto a la otra. Fingió no notar las escasas miradas a hurtadillas sobre su rostro, concentrando su atención aparentemente sobre el roble del buró, en los nudos de la madera apenas visibles por las capas de barniz sobre ella. Luego, en el contraste de la blanca piel de las pequeñas manos que reposaban allí, sobre su oscuro fondo.

Girando hacia Marie el libro que había traído consigo, lo deslizó por la pulida superficie hasta dejarlo frente a las níveas manos inquietas.-Creo que podrías. -profirió entonces en respuesta, moviendo levemente su cabeza en asentimiento. Mesando sus cabellos con una mano, echó hacia atrás los morenos mechones que caían rebeldes a los lados de su rostro- No pude encontrar la continuación entre los estantes.

Apoyó ambos codos sobre el mueble y flexionó un brazo, recostando su mentón sobre la palma de su mano, con especial atención sobre los orbes oscuros frente a él -Me preguntaba si tú podrías decirme dónde buscarla. -bajó entonces la mirada, deslizando un dedo sobre la tapa del volumen, que recitaba bajo su título 'Escenas I a III'; alzando levemente el rostro, distinguió entonces el otro lazo rosado al lado opuesto sobre la cabellera castaña.

-Y...por cierto -pronunció de forma imprevista, enderezándose, luego de una pausa-Soy Adrien. -alzó levemente una mano, extendiéndola a través del buró hacia la muchacha a modo de saludo; ladeo nuevamente su rostro, mostrando ahora una sonrisa completa- ¿Te asusté antes, Marie?

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Marie
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MensajePublicado: Lun Feb 16, 2009 8:23 pm    Asunto: Responder citando

De repente se sentía... fuera de lugar.

No era algo que le sucediera a menudo pero cuando comenzaba a sentirse tensa o nerviosa, inevitablemente venía ese sentimiento extraño y molesto. Se llevó inconscientemente una mano pálida y delgada a la garganta, sin que sus mejillas dejaran de arder en ningún momento. Podía sentir su pulso rápido y casi frenético, el corazón a punto de salírsele por la boca. Agitó levemente la cabeza, intentando relajarse. Hasta el momento todo estaba yendo bien y estaba haciendo su trabajo... torpemente, pero lo estaba haciendo y no había nada de malo en ello. Con la cabeza baja lo miró de soslayo, mordiéndose el labio.

Sus ojos recorrieron ávidos el título del libro y una sonrisa inevitable se le escapó al reconocerlo. Macbeth. Lo abrió automáticamente y pasó las páginas con la naturalidad que da la costumbre, revisando que estuviera en buen estado, aunque estaba casi segura de que era así. Miró hacia arriba automáticamente al escuchar las palabras de su acompañante y asintió, sin preocuparse demasiado. ¿Por qué nadie podía recordar nunca de dónde sacaba los libros...? A veces llegaba a pensar que ése era básicamente su trabajo como bibliotecaria. Ordenar libros.

N-No te preocupes —Balbuceó, observándolo con timidez a través de sus pestañas—. Yo me encargo, es mi trabajo —Aseguró automáticamente, quitándose un mechón de cabello de los ojos. Dejó el libro en el mesón con cansancio, sin prestarle demasiada atención.

Adrien, repitió en su fuero interno, observándolo fijamente sin pudor por primera vez en toda la conversación. Llegó a la conclusión de que el nombre le pegaba perfectamente. Sí, definitivamente. Lo suficientemente crudo y seguro para una persona como él.

La cara volvió a arderle cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo y desvió la vista, incómoda. Le sobresaltó la pregunta y no pudo evitar mirarla con la boca entreabierta, sorprendida. Una sonrisa inevitable se colgó de sus labios.

No —Agitó la cabeza inocentemente, y sonrió más—. Yo... no soy demasiado buena con las personas, así que casi siempre me pongo nerviosa y... y termino diciendo algo que no debería. Como ahora.

Inevitablemente.

[FDP: OMG, perdón, perdón, perdóoon. Lamento la demora u.ù Asesíname si quieres, me lo merezco (?). No volverá a pasar, I promise ._.]

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Adrien
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MensajePublicado: Mie Feb 18, 2009 2:17 am    Asunto: Responder citando

Nuevamente, evitó mostrar evidencia alguna de haber percibido los ojos chocolates directamente sobre su rostro, cierta seguridad que ahora se afianzaba más al gesto de la muchacha. Su mirada y, aparentemente, su atención, se centraba en cualquier motivo o punto específico que pudiera notar: las nacaradas manos pasando las hojas, la amarillenta coloración y las puntas redondeadamente gastadas de éstas; evitando a todo coste que sus ojos grises chocaran en algún momento con Marie y provocaran un nuevo ataque de... ¿Pánico? ¿Vergüenza?...Aún no podía compaginar entre aquellas inocentes expresiones, cuál era exactamente el sentimiento, o la combinación de los mismos, que provocaba en ella.

Y probablemente, como en la mayoría de los casos, era mucho más conveniente no conocer aquellos factores. Al menos por el momento.
La suave voz de la chica disipó los últimos fragmentos de la nube de sus triviales pensamientos, trayendo nuevamente su atención a la realidad, la conversación y, obviamente, a aquel rostro de luminosos ojos castaños.
-Como ahora. -su voz sonó con cierto tilde curioso, desconcertado incluso, al repetir las palabras que con las que ella había finalizado su frase. Sus oscuras cejas se fruncieron sobre su plomiza mirada, cavilando respecto a aquellas palabras con especulativo gesto - No creo que hayas dicho nada inadecuado. -sus labios se fruncieron en una breve mueca, el aura pensativa aún colmando su semblante; su cabeza se sacudió en leve ademán de negación-Estás siendo honesta, no hay nada de malo en ello.

Aunque, verdaderamente, no era ni remotamente posible que fuera sospecha lo que Marie podría provocar en cualquier persona; ciertamente, la imagen que ella daba a sus ojos, y probablemente a los de muchas otras personas, era una fisonomía de total inocencia, redundante ingenuidad, y transparencia en su personalidad.
En pocas palabras, era prácticamente imposible creer que aquella muchacha con apariencia de dulce niña pudiera hacer daño a algún ser de forma intencionada y consciente.

Fue en aquellos momentos cuando notó la insistente expresión de sus ojos, clavados en el rostro de porcelana; los apartó con rapidez, concentrándolo en sus propias manos, los largos dedos de pianista tamborileando sobre la madera oscura -¿Hace mucho que trabajas aquí? -la pregunta pareció haber escapado de sus labios, con total falta de control de su parte y obedeciendo sólo a una sana curiosidad.

Aunque pensándolo bien, debería haberse mordido la lengua. Pasando de nuevo su mente a los análisis de personalidad que siempre realizaba en su fuero interno, el bélico grito de Condenado entrometido resonó dentro de su mente como eco de su propia voz.
Y debería considerarse afortunado si no llegaba a escucharlo entonado en la voz de Marie.
Gajes del oficio, indudablemente. A pesar de sus borrascosas cavilaciones, su mirada se alzó nuevamente y una leve sonrisa dejó ver ante los ojos castaños.


[Don't worry, yo espero cuanto necesites <3]

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Marie
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MensajePublicado: Dom Feb 22, 2009 4:24 pm    Asunto: Responder citando

Ridícula era una buena palabra para describirla en esos momentos. El calor inundó su rostro sorprendentemente rápido y, de manera inconsciente, se llevó la diestra a la mejilla para comprobar que, efectivamente, su piel ardía. Por Dios. ¿Por qué no podía ser como esas chicas tan inteligentes, y agradables? Al menos ellas podían pronunciar dos palabras sin sentirse sorprendentemente tontas y sin que su rostro adoptara más color del que cualquier persona creería natural. Pero no. Era tímida, menuda y solía trabarse con las palabras, además de inusualmente despistada —de ejemplo estaba el hecho de que ni siquiera se daba cuenta, a veces, de lo que hacía—. Se mordió el labio, avergonzada e inquieta. ¡No debería haber dicho eso...! Claramente, era un desastre.

Sólo esperaba que no se riera.

No debería habértelo dicho —Se apresuró a replicar, quitándose nuevamente un mechón castaño de los ojos—. No es de tu interés —Añadió, pero luego se dio cuenta de que eso había sonado descortés—. Quiero decir... yo... —Balbuceó torpemente, sonrojándose más—. Olvídalo —Murmuró, con un tono distante.

¿Había deseado compañía? Pues bien. Mejor no. Lo único que hacía era decir tonterías y, probablemente, ahora él pensaría que era una chica rara y ridícula —lo era, pero no era en plan de que todo el mundo lo supiera—. Iría a ordenar los benditos libros, y se mantendría ocupada toda la tarde. Después de todo, eso era lo que debía hacer, y no entretenerse charlando sobre sí misma —porque eso era malo—, y su evidente ingenuidad. Y... ¿Por qué la estaba mirando tanto? El color de su rostro volvió a subir y sus ojos castaños se dirigieron con rapidez al suelo.

Probablemente se había quedado con cara de ida mientras pensaba en todas esas tonterías.

¿Mhm? —Musitó, inclinando su delgada y menuda figura sobre el mesón para coger una pila de libros, algo más pequeña que la anterior—. No, pero la otra chica que trabaja aquí me recomendó para que me dieran el empleo —Respondió, con voz baja y suave. Miró a Adrien de reojo y se sorprendió al ver una leve sonrisa. No le parecía el tipo de personas que sonreían mucho... ¿Pero ella que sabía, al final? Ni siquiera le conocía—. Probablemente la conoces. Se llama Cathy, la chica alta y guapa —Sonrió al recordarla.

Se puso derecha y lo miró con curiosidad.

¿Por qué lo preguntas? —Inquirió, extrañada.

No le parecía natural que alguien quisiera seguir hablando con ella luego de... sus despistes.

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Adrien
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MensajePublicado: Sab Feb 28, 2009 3:20 am    Asunto: Responder citando

La idea -más bien, la rotunda e innegable realidad- de resultar intimidante y, hasta cierto punto, misteriosamente peligroso a las personas revoloteaba en forma muy recurrente dentro de su cabeza; esa sensación de intranquilidad que generaba en los demás era algo muy, muy sencillo de notar.
Belinaux siempre le había echado en cara la fiereza de su mirada; durante años había creído que la opinión de ese viejo demente era simplemente algo inconexo y estúpido; el primer y último argumento de ese hombre con tales características.

Pero durante los años próximos a su muerte, el infalible anciano una vez más había tenido razón.
Indudablemente, había algo en sus ojos que alteraba los nervios de las personas en general...Y destrozaba los de Marie, en particular, quien luego de su atolondrado discurso, parecía sumida en una incansable serie de tortuosos pensamientos; nuevamente sus labios se fruncieron, suprimiendo incansable otra sonrisa en la serie de gestos.
-Entiendo. -murmuró de forma apenas perceptible, en un tono leve y conciliador.

El rápido movimiento de la cabellera castaña, al inclinar la chica su rosto hacia un punto inexistente en el suelo de madera, le indicó claramente que sus ojos apenas habían parpadeado al mirarle; fijos, inescrutables.
Como para causar una buena impresión, caviló con cortante ironía. Rápidamente, clavó su mirada en el mesón y tensó la mandíbula en un imperceptible gesto de molestia.
-¿Por qué lo preguntas?-a pesar de que no reconocía más que curiosidad en el tono de voz de la muchacha, un ínfimo instante quedó sorprendido por aquella pregunta; alzó el rostro con brusca rapidez y sus labios se entreabrieron, dispuestos a dar una inmediata respuesta.

Naturalmente, suponiendo que había alguna respuesta, más que una irrefrenable y antinatural curiosidad por aquel inocente rostro de ojos iluminados. Era necesario hallar réplica lógica y adecuada para continuar la conversación.
Porque eso quería. Extraña, insólita e irreversiblemente, su carácter usualmente reservado -arisco, se retrucó a sí mismo- había decidido bajar la guardia unos momentos.
Volviendo a la realidad: debía dar una respuesta, al menos, coherente.
Estúpidamente, notó que sus labios aún se mantenían en aquella suspendida mueca separada; como si esperaran con impaciencia la salida de su voz.

-Vengo a menudo a la Biblioteca -respondió finalmente, sintiendo como si una eternidad hubiera pasado desde que había hablado por última vez; sonrió con la sombra de su confianza en el semblante al retomar su discurso- Siempre encuentro a la muchacha que mencionas, Cathy -con sencillez encogió sus hombros levemente hacia arriba, luego continuando, la firme mirada nuevamente sobre el rostro de Marie- Me resultó curioso no haberte visto antes.
Y así, demostraba una total y completa curiosidad, sana y simple...Para una persona normal, claro.

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